Quién fue Coco Chanel y cómo una infancia en un orfanato cambió la moda
Antes de convertirse en la mujer que revolucionó la moda del siglo XX, Gabrielle Chanel fue una niña criada en un orfanato, donde las monjas le enseñaron a coser. Su historia empieza ahí, mucho antes de la rue Cambon.
Gabrielle Bonheur Chanel nace en 1883 en Saumur, Francia, en un hospicio para personas pobres. Cuando tiene once años su madre muere de tuberculosis, y su padre, un vendedor ambulante que siempre tuvo poco tiempo para sus hijos, la deja a ella y a sus hermanas en un orfanato dirigido por religiosas, en la abadía de Aubazine. Nunca volverá a buscarlas.
Aubazine es un lugar severo, hecho de normas rígidas y de jornadas marcadas por el silencio, pero es allí donde Gabrielle aprende a coser: las monjas le enseñan un oficio que, con el tiempo, se convertirá en toda su vida. A los dieciocho años deja el orfanato y se traslada a Moulins, donde trabaja como costurera y canta en los cabarés de la zona. Es en uno de esos locales donde recibe el apodo que llevará para siempre: Coco.
Y la historia de la costurera de Moulins empieza a entrelazarse con la de la mujer que revolucionará la moda. En 1910, con la ayuda económica primero de Étienne Balsan y después de Arthur Capel, abre una pequeña tienda de sombreros en la rue Cambon, en París. Tres años después, en Deauville, empieza a diseñar vestidos cómodos usando el jersey, un tejido hasta entonces reservado a la ropa interior masculina: las mujeres de la época están acostumbradas a corsés estrechos y faldas pesadas, y los vestidos de Gabrielle parecen pertenecer a otro mundo.
En 1921 abre la boutique del número 31 de la rue Cambon, la que se convertirá en el corazón de su maison, y ese mismo año lanza un perfume creado junto al químico Ernest Beaux: lo elige entre una serie de muestras numeradas y decide llamarlo simplemente Chanel N°5, por el número del frasco que había preferido. Unos años después, en 1925, presenta el tailleur, la chaqueta recta y la falda ajustada que se convertirán en el símbolo de su estilo, hecho de líneas limpias y tejidos suaves, sin adornos innecesarios.
Con estos dos gestos, un estilo y un perfume, Gabrielle Chanel cambia el modo en que las mujeres se visten y se presentan al mundo. No se limita a diseñar vestidos: elimina los corsés y deja que el cuerpo de las mujeres se mueva con naturalidad. La comodidad se convierte en elegancia, y la sencillez se convierte en una señal de fuerza.
Es una historia que merece la pena contar a un niño por esto: porque muestra cómo de una infancia difícil, hecha de pérdidas y de normas rígidas, puede nacer algo completamente nuevo. Gabrielle no tenía dinero ni una familia detrás, pero había aprendido un oficio, y a ese oficio dedicó toda su obstinación.
El libro de Gipi Visconti dedicado a Coco Chanel, parte de la colección Pequeños Grandes Valientes, cuenta este recorrido con palabras e imágenes pensadas para los niños que empiezan a leer: la historia de una mujer que aprendió a coser en un orfanato y acabó cambiando la forma en que se viste el mundo entero.